3 de noviembre de 2010

El saber no ocupa lugar





Golpeó con sus nudillos el cristal para asegurarse que estaba libre en ese momento. Asentí con la cabeza.
Abrió la puerta y se sentó perfumando el taxi con un agradable aroma entre colonia fresca de bebe y suavizante de la ropa.
Me mostró un papel en el que indicaba una dirección, pero no abrió la boca. Le pregunté si el camino que decidí segundos más tarde le parecía correcto y entonces me hizo un gesto con los dedos, indicando que era Ok mi elección. Señaló su garganta y los oídos mientras negaba con la cabeza,  comprendí pues, que era sordomuda y quizás ella no me habría entendido lo que le había dicho, o ¿quizás si?.
Durante el trayecto estuve mirándola por el espejo retrovisor intentando visualizar si iba cómoda. Ella a mi sólo podía verme los ojos, con lo cual no podía leerme los labios. Podría haber intentado gesticular, pero no
supe reaccionar.
Cuando llegamos al destino, me tendió un billete de 20 euros, le di 7,50 euros que sobraban y ella me devolvió la moneda de 50 céntimos y una gran sonrisa, envidiable a la cualquier conversación entretenida.
Espero que marchara contenta.

Buena Caza!!

3 comentarios:

Chica-T dijo...

Tan real como la vida misma, tan necesario como saber el leguaje de los signos.

Saturnino dijo...

Eso era que estaba cansado del anterior taxista que le había contado su vida, la de sus hijos, la de Zapatero, Sonsoles y la inyección de liquidez de la Fed....

El sitio de mi recreo dijo...

Dicen que hay dos tipos de personas.

Las que buscan el placer;
y las que huyen del dolor..........